Cuadernos de Educación

Publicación Trimestral Gratuita 155N 0719-0271

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Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier N. 52 | Año XIIl ENE- MAR 2021

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Marzo por la memoria, la conmemoración y la lucha. Editorial

El MEMCH y su proyecto político: una mirada histórica a la organización feminista.

Nicole Araya Quiñones 5-7

A propósito de la reciente conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer trabajadora, recordamos a EN TA

Nadia Rojo Libuy 9-11

Cuando los obreros tomaron el cielo por asalto a 150 años de la Comuna de París.

Horaccio Tarcus ¡EY

SOMOS

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espiritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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Marzo por la memoria, la conmemoración y la lucha

EDITORIAL ( CdE ) N*52

Desde hace ya varios años, el mes de marzo se ha convertido en un mes de reivindicación feminista, al conmemorar el Día Internacional de la Mujer trabajadora. Los movimientos feministas y disidencias sexuales han hecho un llamado a La huelga general feminista del 8M. Este año se enmarcó en un contexto de pandemia donde los ecos del Estallido social (2019) que volcó al pueblo a las calles en una insurrección social contra el modelo socioeconómico y sus consecuencias nefastas para nuestras vidas cotidianas, no termina de encontrar un camino a los cambios estructurales.

Las desigualdades acumuladas en las ultimas décadas y el levantamiento social, han evidenciado y visibilizado la realidad chilena, la desigualdad que desde la dictadura se ha tratado de esconder y que se perpetua en todos los ámbito de la vida social, donde el pueblo y sus derechos básicos se han precarizado: salud, educación, vivienda, trabajo, jubilación de miseria, cultura, ocio y el ecosistema sometidos a zonas de sacrificios, son reflejo del ambiente de pauperización constante. Es en este contexto que el Estado no ha garantizado un piso mínimo de vida digna, hemos y seguimos viviendo en un país inventado, para que unos pocos disfruten y el resto solo sobreviva.

A la lucha de las mujeres se suma también a un marzo por la Verdad, la Memoria y la Justicia. El asesinato por parte de agentes de la Dictadura de los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo, la ejecución de Paulina Aguirre y el degollamiento de los militantes del Partido Comunista José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero, son la expresión mas bárbara que la cultura neoliberal quiere sepultar en los lodazales del consumismo, encubrir la

memoria de sus luchas. Luchas que la nación Argentina también impulsa este mes de marzo frente a una dictadura que carga con 30.000 desaparecidos, donde las abuelas y madres de Plaza de Mayo siguen girando la rueda de la Memoria la Verdad y la Justicia.

Otro hito para recordar y que nos conecta con la conmemorarión, en este mes de marzo es el combate impulsado por las agrupaciones de los trabajadores por la supervivencia y la resistencia contra el ultraje de la burguesía francesa y las fuerzas alemanas, que aplacaron el grito de libertad frente al conjunto de trabajadores que impulsaron la Comuna de París en 1871. El mayor acontecimiento del siglo XIX como lo recordaría Karl Marx.

Nos encontramos en un momento crucial donde la memoria, nos invita y nos convoca para luchar, donde los poderes reaccionarios impulsan mediante todas sus fuerzas, controlar y direccionar los cambios en sus propios beneficios, y por tanto es menester de las organizaciones sociales, de las trabajadoras y trabajadores, recordar las resistencias y las luchas llevas a cabo por otros e impulsar mediante la movilización el camino, por donde podamos construir una sociedad que tenga como centro la vida humana.

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El MEMCH y su proyecto político: una mirada histórica a la organización

feminista

«El feminismo busca transformar, por lo tanto, es revolucionario». Julieta Kirkwood (2016) hace referencia a lo anterior, situando al feminismo como una revolución en dos sentidos: 1) trasciende esa lucha a las clases sociales como una raíz y origen de las relaciones de opresión entre los humanos y 2) apunta a la existencia de la opresión sexual como dominio de cultural y material de un sexo sobre otro. Para la autora el feminismo contribuye a quitar el carácter restrictivo y del concepto de liberación social y política, ampliando y haciendo parte a la mujer, como grupo específico (2016, p.3). En esta lógica, el feminismo como proyecto político es transformador, pero siempre debe ser entendido en su contexto histórico.

El Movimiento Pro Emancipación de la Mujer en Chile (MEMCH) como movimiento político, fue producto de diversos cambios en la sociedad chilena a comienzos del siglo XX. No fue la única organización naciente, ni evidentemente, tampoco la última. Los diferentes espacios asociativos nacidos a comienzos del siglo pasado, son un antecedente importante para develar que este movimiento político fue producto de múltiples esfuerzos colectivos que se asentaron paulatinamente. En esa línea, la movilización obrera, fue un catalizador importante de ideales políticos- reivindicativos y revolucionarios, así también las múltiples orgánicas exclusivamente de mujeres que apuntaron en su inicio a luchas parceladas —pero no menos trascendentes— que iban en dirección al mejoramiento de ciertas condiciones materiales de las mujeres.

En 1906, por ejemplo, nació la Asociación de Costureras que reunía a costureras que trabajaban de forma particular. Estas mujeres, lograron gracias a su lucha política,

Nicole Araya Quiñones nicolearayaMug.uchile.cl

Universidad de Chile

establecer contratos de trabajo con sus patrones, además ejecutar comisiones que tenían como finalidad fiscalizar las condiciones laborales de sus compañeras. Para María Angélica Illanes (2006), esto representa una asociación obrera moderna, con una conciencia de clase y, además, con clara voluntad organizativa que buscaba la protección de sus intereses como también la capacidad de negociación con los patrones. Así también, en las primeras décadas, se fundaron: los Centros de Belén de Zárraga, el Consejo Nacional de Mujeres, el Partido Cívico Femenino, la Unión Femenina de Chile, la Asociación de Mujeres Universitarias, entre otras. No todas eran iguales, cada una de ellas contenía líneas discursivas, y un accionar político diferente. Para las diversas historiadoras o investigadoras que han trabajado este periodo, o han hecho un recorrido histórico del movimiento feminista chileno, a este momento histórico lo han catalogado como «conformación del movimiento feminista» o, como «tiempo de señoras» (Klimpel 1962; Kirkwood 2016). Lo anterior, hace alusión a que el feminismo como teoría y accionar político, fue asentándose de manera paulatina al alero de los diálogos y maduraciones políticas propias de la sociedad y cada espacio organizativo. ¿Qué caracterizó al MEMCH como proyecto feminista? Se ha discutido largamente entorno a los feminismos y a sus respectivas olas en contextos históricos determinados. Respondiendo la pregunta anterior, para Alejandra Castillo (2010) el feminismo en su dimensión teórica y práctica busca —desde diversos espacios— la modificación de la política moderna.

La fundación del MEMCH el año 1935 marcó la transición desde organizaciones de mujeres con carácter mutualista a una organización para mujeres de lucha

reivindicativa, que levantó peticiones relacionadas con su condición social, económica, política y biológica (Rojas et al., 2017). Esta organización buscaba no sólo situar a la mujer en el espacio público como sujeto político, sino también transformar lo había en ese momento; «romper los muros» del hogar para incorporarse al mundo social y público y así también salir a un mundo que está por hacerse y que no se construye sin destruir el antiguo» (Kirkwood, 2016). El valor dentro del marco de un proyecto feminista tuvo relación con que cuestionó lo existente y demandando lo que todavía no existía (Rojas et al., 2017).

Si bien es cierto que, en el contexto mundial, se denomina comúnmente a este período como la primera ola del feminismo, relativo a la búsqueda por mayores derechos civiles y políticos, el proyecto que encarnaba el MEMCH a pesar de estar influido por todos estos movimientos, tenía una realidad propia. Esa realidad posibilitó la construcción de este movimiento y sus estrategias para la emancipación de las mujeres de este país. Como mencionó Caffarena: «El feminismo es un fenómeno social. Como tal, no se origina accidentalmente, tiene sus fundamentos en la realidad misma, emerge de los acontecimientos y posee características y leyes propias...».

El feminismo que comandaba el MEMCH, fue proyecto construido a partir de las particularidades de cada mujer militante; eran feministas sin olvidar las condiciones de estructurales que originaban las desigualdades (Kirkwood, 2016). Por lo mismo, esa concepción reduccionista que sitúa a esta organización sólo como un movimiento sufragista, desconoce la construcción histórica de un movimiento que articuló un análisis profundo de las condiciones de vida de las mujeres. Si bien es cierto este análisis, para Kirkwood (2016), mirado con los ojos del feminismo contemporáneo puede resultar poco preciso —entendiendo la maduración que tuvo y ha tenido el movimiento feminista en torno al diagnóstico y la crítica— ya que aún no se percibían las raíces transpolíticas del patriarcado, no deja de ser trascendental para su momento histórico. Es importante subrayar que el proyecto construido por el MEMCH se configuró de manera dialéctica,

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es decir, en diálogo con otros discursos, resignificando y cuestionando constantemente.

Esta elaboración se sitúa como un contra poder. Hay en este proyecto una construcción más compleja, que va más allá de la mera postura de negación ante una subordinación histórica. No es una rebeldía que sale a la luz por un voluntarismo del momento, ni tampoco una rebeldía primitiva1 que se manifiesta desde lo individual o colectivo sin una orgánica o proyecto a largo plazo. Como menciona Kirkwood (2016), la rebeldía o contestación femenina surge cuando hay una toma de razón o conciencia de contradicción entre los principios universales de igualdad teórica propuestos por la organización social, y las vivencias concretas de desigualdad experimentadas entre los sexos (p.30) . El proyecto del MEMCH sobrepasaba la rebeldía individual y devino en rebeldía social al situarse más allá de la propia percepción de la discriminación. Se habla de movimiento ya que implica un fenómeno social y político de cierta trascendencia, en este caso puede derivarse de su fuerza numérica como su capacidad para lograr algún cambio político (Molyneux,

El rescate del feminismo que encarnaba el proyecto de esta organización pasa por la construcción colectiva, con la finalidad de situar lo social por sobre lo individual; valorar las experiencias situadas de cada militante y a partir de ahí construir política con la finalidad de ; cuestionar y resignificar a través de su discurso los mandatos de

género históricos; constituir a la mujer como gestora de su propia lucha política y buscar la igualdad de derechos en todo ámbito en relación con el hombre.

Un movimiento que como todos, se construyó en razón a otros diálogos y discursos sociales. En esa línea, el discurso del MEMCH para los ojos contemporáneos, pueden entenderse ambivalentes y paradójicos —sobre todo cuando lo llevamos al espacio de la corporalidad—, pero que en el fondo representan, en alguna medida, las «huellas de la dominación» (Varikas, 2005), que visibilizadas y puestas a la luz generan una agencia en sujetos que, no son ni unificados, ni autónomos (Scott, 2001), sino que, muestran desde diversas modalidades discursivas el lugar en que habitan las desigualdades históricas y construyen lo político a partir desde ahí.

La narrativa histórica que los movimientos de mujeres se deben pensar desde los discursos y los códigos de género que condiciones la vida de las que habitan una realidad determinada. No es un tránsito lineal, ni muchos menos homologable; las respuestas colectivas siempre están condicionadas a las experiencias que se tienen del género, tanto en la dimensión de cuestionar los arquetipos dominantes, resignificarlos o negociar los cambios y grandes horizontes de su actividad política emancipadora (Nash, 2006).

A lo largo de este escrito quisimos dar cuenta de la agenda histórica de un movimiento importante en la historia política chilena y sobre todo para el feminismo. Un movimiento que nace al alero de otros espacio y discursos subalternos, pero también como contraparte de lo hegemónico. Ubicamos al MEMCH hacia dentro del territorio, un movimiento que abrió caminos y trazó nuevos límites en la lucha por mejores condiciones de vida para muchas mujeres en nuestro país.

Bibliografía

Castillo, A. (2011). Nudos Feministas. Santiago: Editorial Palinodia.

Hobsbawn. E. (1983) Rebeldes primitivos. Estudios sobres las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX.

Barcelona. Arial. 1983.

Illanes, M (2006). Cuerpo y sangre de la política. La construcción histórica de las visitadoras sociales Chile, 1887-1940. Santiago: Editorial LOM.

Klimpel, E. (1962). La mujer chilena: el aporte femenino al progreso de Chile. 1910-1916. Santiago: Ediciones Andrés Bello

Kirkwood, J. (2016). Ser política en Chile. Las feministas y los partidos. Santiago: LOM.

Molyneux, M (2003). Movimientos de mujeres en América Latina: estudio teórico comparado. Universidad de Valencia. Instituto de la Mujer. Madrid: Cátedra.

Nash, M. (2006) Identidades de género, mecanismos de subalternidad y procesos de emancipación femenina. En Revista CIDOB d'Afers internacionals. Número 73-74, 39-57. Barcelona.

Rojas, C y Jiles, Ximena Comp. (2017) Epistolario emancipador del MEMCH. Catálogo histórico comentado. Archivo Nacional.

Scott, J (2001) “Experiencia” en La ventana.

Varikas, E. (2005). Lo que no somos. Historicidad del género y estrategias de desidentificación.” Revista Internacional de Filosofía Política (RIFP) (25), 77-88

1 El concepto de “rebeldía primitiva” es trabajado por Hobsbawn en Rebeldes primitivos. Estudios sobres las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX. Barcelona. Arial. 1983. En el caso de Chile toma significancia en expresiones del “movimiento popular urbano” en la segunda mitad del siglo XIX, sin ningún tipo de organización permanente. Hablamos, de la ausencia de un proyecto constituido con proyecciones políticas a largo plazo. Lo que el autor que engloba como las características pre-modernas de manifestación política y social.

Cuadernos de Educación

CONGRESO-NACiONAL

9 La

A propósito de la reciente conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer trabajadora, recordamos a Olga Poblete Poblete

Nadia Rojo Libuy

A medida que transcurría el siglo XX, mujeres desde diferentes ámbitos de la vida social, política y cultural de Chile, se iban incorporando a la esfera pública, es decir, más allá del hogar. Ya sea desde los mismos espacios que les correspondía a las mujeres vinculados a la alimentación y cuidado infantil, cuando se trataba de la carestía, hasta a organizarse para luchar por la democratización de la sociedad. Cada transformación grande o pequeña a favor de la igualdad de derechos de las mujeres, solo se ha podido alcanzar tras largos años de lucha y el esfuerzo mancomunado y anónimo de muchas mujeres (Salinas, 1999, p.14).

Es en este contexto que empiezan a surgir distintas organizaciones de mujeres que de alguna o otra forma exigían, la incorporación a la sociedad como sujetos de derechos y un orden político y social más democrático.

De ahí que en el marco del Día Internacional de la Mujer resulta importante referirse a una mujer que destacó en distintos quehaceres públicos durante el pasado siglo. En este caso se trata de Olga Poblete Poblete: profesora, luchadora social y presidenta del movimento Por la Paz, integrante del Movimiento por la Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH).

Graduada del Instituto pedagógico, trabajó en la enseñanza secundaria durante 45 años, profesora de la cátedra de Historia Universal en el Departamento de Historia de la Facultad Filosofía y Educación de la Universidad de Chile, y más tarde directora del Departamento de Educación de la misma Facultad, integrante del Movimiento Por emancipación de la Mujer de Chile (MEMCH), FUNDADO EN 1935, y premio Lenin de la Paz en 1962 (S/D)

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Al ingresar al mundo del trabajo, su principal preocupación fu convertirse una buena profesora. Y dentro del ámbito laboral se fue interesando por el tema de la mujer. En una entrevista dada en 1993, comenta «Para que vea las contradicciones que una tiene, profesora de histona y progresista y jamás me había interesado por el tema de la mujer». El año 40, motivada por una exposición fotográfica de la presencia de la mujer en nuestra historia organizada por el Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena ( MEMCH), ingresó a esta organización. (GAM, 1993)Para Olga Poblete el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena fue el primer movimiento femenino organizado y militante, con una trayectoria temporal que visibilizó la historia y las luchas de las mujeres chilenas en su famosa exposición de las Actividades de la Mujer Chilena (1940). Que además tuvo un resurgimiento en la década y especificamente en 1983 (MEMCH 83) donde también participaron Olga y Elena Caffarena, que tuvo como objetivo la lucha contra la Dictadura Militar (Poblete, 1983, p. 160).

La fundación del MEMCH en 1935 tenia como nexo primordial una idea democrática amplia, política, pero con la idea clara de no ser partidistas. Esto es importante para establecer diferencias ideológicas que no permitieran evidenciar las desigualdades que existían en la sociedad que se vinculaban directamente con las mujeres (derechos sexuales y reproductivos, derechos políticos, derecho al trabajo, entre otros). Si bien existían desigualdades que eran transversales y de clase, existían también desigualdades estrictamente de género que había que visibilizar. Por esto mismo, participaron activamente en la elección de Pedro Aguirre Cerda en 1938, ya que la emancipación de la mujer se concebía ligada 9

al perfeccionamiento de la democracia, por tanto, inserta en las luchas populares. (Poblete 1983, p. 162).

Para Olga Poblete, la militancia política partidaria de las mujeres (que se hizo mas fuerte con el derecho a voto) generó dispersión del movimiento producto de las diferencias políticas. La lucha femenina fue definida por líneas políticas partidarias, elemento político que se recoge, pero que los partidos políticos ra lo menos en los de pulse no estaban preparados para incorporar: La lucha por el voto llevo a las mujeres a los partidos políticos y allí, dominadas por hombres, terminaron en los departamentos femeninos sirviéndoles el café o sacando copias a roneo. (entrevista la Epoca 1993).

Que se entienda esto no significaba que Olga Poblete no tuviera una militancia política, era una mujer de izquierda, pero criticaba a los partidos políticos que izquierda que querían incorporar el trabajo femenino sin las demandas de la mujer.

Nos dice Olga, que durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva ya se advierte una gran definición del movimiento femenino, porque el gobierno le dio una gran importancia a la política comunitaria. Las mujeres de la Democracia Cristiana trabajaban en los Centros de Madres —que habían sido creados durante el gobierno de González Videla—, poniendo el acento especialmente en problemas culturales. Luego, la gran apertura que significó la Unidad Popular estimuló el desarrollo de organismos femeninos, y la creación de la Secretaría de la Mujer dio la oportunidad de intensificar el trabajo en los Centros de Madres, pero con una orientación más amplia, más democrática, más participativa y más directamente ligada a la lucha social que estaba planteada en ese momento. Pero también nos dice Olga Poblete que durante este periodo no se prestó suficiente atención al problema de capacitación de la mujer es su aspecto especifico, en cuanto a sus problemas como mujer. Crítica que sostuvo toda su vida a los partidos políticos. (S/D) Los partidos de izquierda, tenían que educar a las mujeres para comprender que no existe contradicción entre postular los cambios sociales, económicos y políticos y garantizar el orden, la tranquilidad, la autoridad. Creo

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que la educación política nunca se hizo. Debió haber comenzado incluso por los mismos hombres para modificar en ellos, pese a sus posiciones políticas y filosóficas progresistas, los siglos y siglos de configurar su conciencia de varón...(Poblete, 1983, pp. 166-167).

Durante la Dictadura Militar, se reactiva la lucha colectiva emprendida por las mujeres, marcando un resurgimiento del movimiento femenino chileno. En 1983 se refunda el MEMCH 83. Nos dice Olga Poblete que fueron en muchos sentidos las mujeres que salieron en busca de sus familiares que ayudaron a reorganizar el tejido social roto por la dictadura, y esto le dio un nuevo aire al movimiento femenino. Las luchas ya planteadas anteriormente se sumaban la lucha por los Derechos Humanos. Me atrevo a decir que avanzaron sin leyes. Allí está el mérito de las mujeres en este país. Durante estos años fueron las primeras en salir a la calle, en organizarse, en arriesgarse pos sus hombres, sus hijos. (Poblete, 1990).

.Olga Poblete reconoció los avances dentro de la sociedad respecto de los derechos de las mujeres, pero sin embargo reconocía también la falta de una corriente unitaria de las mujeres chilenas. Actualmente reconocería el trabajo del movimiento feminista actual dentro y fuera de los partidos políticos de izquierda, donde algunos se declaran feministas, y luchan por la paridad de género, igual trabajo igual paga. Reconocería el avance en una agenda de genero dentro de los partidos, pero se problematizaría el hecho que aún se están discutiendo cuestiones que se planteaban el siglo pasado y se sigue luchando por su superación.

Bibliografía

Entrevista a Olga Poblete La mujer aun no levanta la mano, La Epoca, 40 de junio 1990, (suplemento)

http://www.bibliotecanacionaldigital. gob.cl/

bnd/628/w3-article-184185.html, [consultado:

marzo 2021].

Adiós a Olga Poblete Punto Final n* 450 (jul 23, 1999) p. 9

http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/ bnd/628/w3-article-209967.html, [consultado: marzo 2021].

Entrevista a Olga Poblete, La mujer ¿una desconocida? s/d https://repositorio.ufsc.br/ bitstream/handle/ 123456789/176358/3.4%20Revista%20- %20LA%20MUJER%20%3D%20REJUM%20AL %20%C02%BFUNAZ%20DESCONOCIDA_.pdf?se O AO marzo 20211.

Entrevista a Olga Poblete Olga Poblete, Feminista, Marea Alta 1993, http:// www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/ 628/w3-article-200705.html [consultado: marzo 2021].

La Epoca. jun. 30, 1990, p. 11 y 14 (suplemento) http:// www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/ 628/w3-article-184185.html

Cecilia Salinas, el derecho a voto de las mujeres chilenas MEMCH, Santiago 1999

http://museovillagrimaldi.info/doc/ 1_7_2_13_22.pdf, consultado: marzo 2021].

Olga Poblete, El MEMCH, un capitulo de militarismo femenino chileno, Araucaria de Chile n*? 24 1983

Cuadernos de Educación

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Cuando los obreros tomaron el cielo por asalto a 150 años de la Comuna

de París

El 18 de marzo de 1871, los artesanos y los obreros tomaron el poder en la ciudad de París; mantuvieron el control durante 71 días. Aunque no respondió a un plan premeditado, la Comuna de París quedó asociada a la Internacional y la raíz común de «comun» y «comunismo» favoreció el deslizamiento de sentidos. Aunque finalmente fue derrotada a sangre y fuego y muchos de sus participantes fueron fusilados, su difusión global capturó la atención tanto de las clases dominantes como de los sectores populares. Muchos de los símbolos de la izquierda surgieron de ella. Y los communards exiliados alimentarían a las corrientes socialistas en diversos países, incluso en América Latina.

El 18 de marzo de 1871, los trabajadores y los sectores populares de la ciudad de París tomaban el cielo por asalto. La metáfora homérica, que alude a los titanes que tuvieron la osadía de irrumpir en el Olimpo reservado a los dioses, quedó estampada en una carta que ese mismo año Karl Marx le enviaba a su amigo, el médico socialista Ludwig Kugelmann.

A partir del día siguiente, la prensa oficial francesa denunció ante el mundo la temeridad del «populacho» que había formado su propio ejército y convocaba a elegir su gobierno comunal. En pocos días, la prensa de todo el globo se hacía eco de las imputaciones de su par francesa: la Comuna de París era obra de la Internacional, la temible Asociación Internacional de los Trabajadores. Y tras la internacional obrera se escondía un sabio maléfico, empeñado en destruir la obra de la civilización: el «prusiano» Karl Marx, aquel Prometeo que había robado el moderno saber burgués -la Economía Política- para volverlo contra la propia burguesía y entregarlo al proletariado.

Horacio Tarcus

Historiador

Aunque la investigación histórica pudo demostrar sobradamente que en modo alguno la Comuna había sido obra de la Internacional, nunca como entonces la historia de esta asociación obrera alcanzaba semejante difusión global. La prensa del mundo, en Occidente y en Oriente, informaba a sus lectores sobre los fines de la Internacional, de sus congresos sucesivos, de sus líderes. Algunos diarios transcribían incluso sus proclamas. «Gracias a la Comuna, la Internacional se ha convertido en una potencia moral en Europa», señalaba Friedrich Engels tres años más tarde en una carta a Friedrich A. Sorge fechada el 12 de septiembre de 1874.

Al mismo tiempo, el nombre de Marx aparecía por primera vez en la primera plana de la gran prensa internacional, acompañado por grabados que revelaban al mundo su melena leonina y su rostro barbado. El mundo burgués comprendía que el comunismo no era una amenaza potencial, el producto febril de oscuros conspiradores o la lucubración racionalista de los constructores de utopías, sino un peligro real que de pronto podía acontecer en la ciudad que era el simbolo mismo de la civilización moderna. La Comuna abrigaba el fantasma del comunismo. Y aunque la Comuna de París lejos estuvo de adoptar un programa comunista, la presencia fantasmática de la Internacional era para sus detractores la prueba evidente de su estrategia final. “Commune” en francés quiere decir comuna, ayuntamiento. La Comuna de París no es más, literalmente hablando, que el ayuntamiento de la Ciudad Luz. Pero la palabra “commune” compartía la misma raíz que “communisme”, lo que favoreció el deslizamiento de sentido. El término «comunismo», si bien formaba parte del vocabulario político de las vanguardias

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desde la década de 1830, no se difundió a escala internacional sino con los hechos de la Comuna.

El acontecimiento

La Comuna de París no respondió en modo alguno a un plan premeditado. Antes bien, fue hija de un encadenamiento de circunstancias imprevisibles: la Guerra Franco-prusiana, la derrota del ejército imperial francés, el sitio de París, el advenimiento de la Tercera República francesa al mismo tiempo que la unificación alemana bajo el Imperio de Guillermo |.

La catástrofe de los ejércitos de Luis Bonaparte en Sedán, en septiembre de 1870, había significado el derrumbe del Segundo Imperio francés y la simultánea proclamación de la República. El proletariado así como los sectores más avanzados del pueblo manifestaban una abierta desconfianza hacia la nueva Asamblea Nacional -dominada por monárquicos y republicanos moderados- y hacia el Gabinete que presidía Adolphe Thiers, a cuyos integrantes consideraban no solo dispuestos a aceptar las más humillantes y onerosas condiciones de paz impuestas por Alemania, sino también a traicionar la recién fundada Tercera República en pro de una nueva monarquía borbónica.

París había resistido un sitio de cuatro meses que culminó en enero de 1871 con la victoria del ejército prusiano y la proclamación de Guillermo | como emperador de Alemania, nada menos que en Versalles, en territorio francés. Pero como los ejércitos alemanes solo tuvieron cercada la ciudad capital sin atreverse a tomarla, el combativo y organizado pueblo parisino pudo rechazar la rendición, desafiando así a su propio gobierno. Tanto fue así que el Ejecutivo que presidía Thiers y la Asamblea Nacional decidieron instalarse en Versalles, intentando doblegar desde allí a la ciudad rebelde. El proletariado parisino no solo aquilataba una extensa tradición de luchas sociales y políticas sino que, además, contaba ahora con pertrechos y experiencia militar: las circunstancias históricas lo habían convertido en un proletariado armado, mientras el enemigo alemán o los republicanos burgueses no lograran desarmarlo.

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En una inédita situación de doble poder, París se vio obligada a darse una forma de organización y de gestión, no solo para sostener su resistencia al gobierno de Versalles, sino incluso para asegurar su funcionamiento y su abastecimiento. La estructura política aquí creada tomó por base la Guardia Nacional, que había sido movilizada en septiembre de 1870 para asegurar la defensa de la capital y cuya tradición revolucionaria se remontaba a 1789. No era otra cosa que una milicia ciudadana, compuesta por todos los varones mayores de 18 años, con amplia mayoría de proletarios y artesanos. En febrero de 1871, la Guardia parisina creó una estructura electiva y piramidal, la Federación de la Guardia Nacional (de allí que se designase a los comuneros como «federados»), compuesta por los delegados de las compañías y los batallones de la milicia parisina; su cúspide la ocupaba un Comité Central.

La Comuna nació en París el 18 de marzo de 1871, cuando los artesanos y los obreros tomaron el poder en la ciudad. El pueblo parisino se había levantado al descubrir que el gobierno provisional intentaba arrebatarle por sorpresa las baterías de cañones que habían comprado por suscripción popular para defender la ciudad. Las fuerzas del ejército terminaron confraternizando con la población sublevada. Cuando el general Lecomte ordenó disparar contra la muchedumbre inerme, los soldados lo hicieron bajar de su caballo y lo fusilaron. Otro tanto hicieron con el general Thomas, veterano comandante responsable de la represión durante la rebelión popular de junio de 1848. En ese momento Thiers ordenó a los empleados de la administración nacional evacuar la capital. Ante el vacío de poder, la Guardia Nacional convocó de inmediato a elecciones comunales sobre la base del sufragio universal (masculino). Su Comité Central entregó entonces el poder provisional al consejo municipal elegido democráticamente, con predominio de republicanos radicales y blanquistas.

Sitiada París, primero por los prusianos y luego por los versalleses, los comuneros debieron gobernar una ciudad asediada. Promulgaron una serie de decretos (sobre educación popular, separación de la Iglesia del Estado, indulgencia con los alquileres

impagos o abolición de los intereses por deudas) dictados por la urgencia y la necesidad antes que por la definición de un orden social cuyos trazos ni siquiera alcanzaron a definir durante sus dramáticos 71 días de vida.

Cercada en parte todavía por las tropas prusianas, hostigada por la prensa de Versalles con calumnias que a su vez replicaba la prensa internacional, empobrecida, incomunicada, aislada del resto de las fuerzas progresistas de la nación, la Comuna de París soportó con heroísmo durante más de dos meses

el bombardeo y el asedio del gobierno provisional. Finalmente, el 21 de mayo el ejército de Versalles logró franquear la Porte de Saint-Cloud, y a lo largo de una semana conquistó militarmente una ciudad que le ofreció una dramática resistencia. Los encarnizados combates “MM se sucedieron barrio a barrio, calle a calle. Los últimos 147 resistentes se parapetaron detrás de un muro del Cementerio de Pere-

e

de las costumbres que había impulsado la burguesía liberal. Los republicanos, que no podían condenar a la tradición revolucionaria de la que habían surgido, la vieron como el producto de la liberación de los «bajos instintos» de una plebe incontrolada compuesta por turbas frenéticas libradas a su propia suerte.

En la vereda opuesta, todo el arco de la

izquierda revolucionaria de su tiempo la

reivindicó como un hito inaugural. Las

lecturas que hicieron las izquierdas eran de

algún modo proyecciones de las múltiples

tendencias políticas que convivieron

en su seno, desde republicanos

radicales a mutualistas,

pasando por socialistas de

25, las más diversas escuelas

4% (incluso de la

2 Y 2 positivista); desde

F 2 adeptos de la

2 centralización política

'aultranza (como los blanquistas, los seguidores del

revolucionario Auguste

eN Blanqui) hasta

7 partidarios de las

27 diversas corrientes

=> federalistas, unas más

radicales, otras más

Lachaise, donde fueron fusilados y "<> Mmoderadas.

enterrados en una fosa común.

El 28 de mayo -una vez concluida la llamada «Semana Sangrienta» y con ella la experiencia comunalista-, el saldo era de unos 30.000 comuneros muertos y 43.000 prisioneros, de los cuales 10.000 fueron condenados, unos a la cárcel y otros al exilio en Nueva Caledonia. París se mantuvo bajo la ley marcial durante cinco años.

Las interpretaciones

La experiencia de la Comuna fue leída de los modos más diversos, incluso durante su mismo decurso. Sus enemigos más encarnizados -aristócratas y clericales, monárquicos legitimistas y orleanistas, republicanos conservadores y moderados- coincidieron en denostarla, pero con argumentos diversos. Para los ultramontanos era abominable por el simple hecho de ser una revolución, y la leyeron como una consecuencia de la secularización

Como ya ha sido señalado, la Comuna no fue un producto de la Internacional. De acuerdo con lo que Engels expresaba en una carta a Adolph Sorge, fechada el 12 de septiembre de 1874, la Internacional «no había movido un dedo para darle vida». Y, a pesar de ello, la Comuna era «hija espiritual de la Internacional». Solo un tercio de los delegados y de los integrantes del Comité Central de la Guardia Nacional pertenecía a las secciones francesas de la Internacional. Y apenas 13 sobre los 90 fueron elegidos para la Asamblea comunal del 26 de marzo, en la que había emergido una «elite oscura» de ilustres desconocidos. Pero tampoco estos 13 revolucionarios llevaban adelante una estrategia común. Marx exhortaba desde Consejo General de la Internacional con sede en Londres a la clase obrera europea en general (y a la británica en particular) a la solidaridad con la Comuna, mientras que en la correspondencia que mantenía con algunos de los comuneros de París, como

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Cuadernos de Educación

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Auguste Serraillier, Léo Fránkel y Eugene Dupont, aconsejaba prudencia, señalando los inconvenientes que acarrearía el ataque abierto al gobierno republicano mientras durase la ocupación alemana así como el creciente aislamiento político de París. Marx consideraba imposible una victoria militar y aconsejaba a los comuneros negociar con Versalles una paz honrosa.

Pero no todos los dirigentes políticos franceses participaban del realismo de Marx; en especial, discrepaban los republicanos radicales y los blanquistas, los exponentes de la tradición jacobina. A esta vertiente insurreccionalista a ultranza se sumarían muy pronto los bakuninistas, con el propio Mijaíl Bakunin que había viajado a Francia apenas comenzada la guerra.

El 30 de mayo de 1871, apenas dos días después de concluida la Semana Sangrienta, Marx leía en el Consejo General londinense su célebre alocución, La guerra civil en Francia, una pieza magistral de equilibrio político. Había concebido un texto que, sin renunciar a sus ideas ni a su estilo, pudiera conformar a las distintas tendencias que convivían, no sin tensiones, en el Consejo. Antes que optar por una estrategia de debate público sobre las diferencias que separaban las diversas escuelas socialistas, Marx ensayó una lírica defensa de la experiencia comunera, en la que solo entre líneas es posible leer, por ejemplo, la crítica a los exponentes del insurreccionalismo neojacobino -«supervivientes y devotos de revoluciones pasadas»-, al exceso de escrúpulos democráticos de los republicanos moderados -que llevaron al Comité Central de los federados a delegar rápidamente el poder-, o a los herederos de Proudhon -que no se atrevieron a tocar la sacrosanta propiedad de la banca-. Estos y otros inevitables errores como la demora de las milicias en marchar sobre Versalles- no podían oscurecer su mérito histórico, que no consistía en otra cosa que en su propia existencia. Ahora que había sido derrotada, que los hombres y las mujeres que la sostuvieron eran fusilados o detenidos, que la prensa burguesa derramaba por el mundo las calumnias más inicuas, la Comuna debía ser saludada por los trabajadores de todo el mundo como un primer ensayo, fallido pero heroico, de gobierno obrero, como «la forma política al fin descubierta que permitía

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realizar la emancipación económica del trabajo».

En un primer momento, el Consejo General aceptó sin discusión la alocución de Marx y decidió su publicación en diversos idiomas. El comunero Charles Longuet, futuro yerno de Marx, tradujo al francés el texto original de Marx redactado en inglés, y más tarde Engels editaría la versión alemana. Pero en los días que siguieron, los dirigentes sindicales ingleses George Odger y Benjamin Lucraft retiraron su firma objetando los pasajes más duros sobre el gobierno republicano de Versalles. Marx se dio a conocer entonces como el autor intelectual de la alocución, pero su decisión no pudo evitar, junto con la renuncia de sus dirigentes, la salida de las trade unions británicas, uno de los dos pilares sobre los cuales se había fundado la Internacional en 1864. Esta defección, sumada al hostigamiento que las diversas secciones sufrieron después de la Comuna por parte de los gobiernos europeos y a la lucha de fracciones que comenzaba a desatarse abiertamente entre marxistas y bakuninistas, marcó el declive de la Primera Internacional.

Como señaló el historiador alemán Arthur Rosenberg, «el escrito de Marx sobre la Guerra Civil de 1871 tiene una importancia histórica excepcional». En desacuerdo con muchos de los métodos de la Comuna -en primer término, la insurrección misma-, le habría resultado tanto más sencillo deslindar cualquier responsabilidad sobre el curso que tomaron los acontecimientos. Sin embargo, no le importó mostrarse ante la opinión pública como quien tenía la razón, sino que, al contrario, «hizo suya audazmente la Comuna y desde entonces el marxismo tiene una tradición revolucionaria ante los ojos de la humanidad». Esta apropiación marxiana de la Comuna fue tan resistida por los anarquistas (para Bakunin no fue sino la expresión de un «travestismo verdaderamente grotesco») como canonizada por los comunistas de todo el mundo, desde los rusos que en 1917 hicieron de la forma comuna el precedente del sóviet, hasta los chinos de la Comuna de Cantón primero y de la Comuna de Shanghái después.

El folleto de Marx circuló en cientos (sino miles) de ediciones; usualmente, con un

prólogo escrito por Engels para la edición alemana de 1891 que den franco contraste con el análisis de Marx) presentaba la experiencia comunera como un ejercicio de «dictadura del proletariado». Muchas ediciones añadían también artículos de Lenin, en los que la Comuna francesa era asimilada al sovietismo ruso.

La difusión internacional

Los días de la Comuna mantuvieron en vilo al mundo entero, tanto al orden burgués como a los sectores populares. Los medios de prensa transcribían en primera plana los bandos de una y otra parte, los modernos magazines ilustrados reproducían escenas de los combates o de la vida comunera bajo la forma de grabados y litografías. Mientras la gran prensa burguesa reproducía las noticias más fantásticas sobre hechos de violencia y destrucción atribuidos a la plebe de París, los medios de prensa minoritarios de los republicanos radicales, de los federalistas españoles y de los socialistas de todo el mundo se empeñaban chequear la información y en publicar fuentes fidedignas. La Comuna impactó fuertemente en la prensa española así como en toda la América Latina.

Los exiliados de la Comuna refugiados en Londres, en Bruselas o en Ginebra comenzaron a publicar sus testimonios y sus balances en el mismo año de 1871. Una intensa folletería popular de celebración de la experiencia comunera y de denuncia a los procesos judiciales nutrió la cultura de izquierdas de las últimas tres décadas del siglo XIX, tanto anarquista como socialista, proyectándose incluso a comienzos del siglo XX. El republicano federalista español Manuel de Cala publicó entre 1871 y 1872 dos volúmenes titulado